Aquel año de 2026, se jugó el mundial que cambió la historia de los mundiales. El más conspirativo de todos, el mundial del diablo.
Argentina había sido el ganador del último campeonato de fútbol, y se decía que estaba acabado como equipo, por lo que lo más llamativo de todo fue cuando nuevamente quedó posicionado como una de los equipos más prometedores para llegar a la final.
Luego hubo macumbas, congelamientos y sobre todo malas ondas y malas vibras: una Madonna que apareció parada en medio de la cancha como una momia embalsamada del antiguo Egipto; la verdadera Shakira terminó de confirmar que la que había aparecido en la inauguración era una doble; la cara de piedra de Mick Jagger; y el propio rey Trompeta que terminó entregando medallas junto a la nueva Malinche.
Sin dudas, el momento épico fue el partido entre Argentina e Inglaterra. Comenzó como un partido de rugby, en donde cada jugador parecía querer tumbar a su rival cada vez que se encontraban cuerpo a cuerpo. La pelota parecía una excusa, y se vivieron momentos de mucha tensión. Luego del segundo tiempo, los dos equipos parecieron ponerse de acuerdo para jugar al fútbol, como si se hubieran dado cuenta de que esa era la única forma de ganar, como si recordaran que solo metiendo goles podían ganarle a su rival. Y así fue como Argentina terminó ganando 2 a 1, a pesar de que los ingleses pudieron meter un gol. Al terminar ese partido, los argentinos desplegaron una bandera que les arrojaron del público en la que se reclamaba el territorio de las Islas Malvinas, usurpado ilegalmente por los británicos.
Por otra parte, España había eliminado a Francia, por lo que solo le quedaba enfrentarse a Argentina para ganar la Copa del Mundo. Este equipo tenía una gran posibilidad de ganar, pero sabían que los argentinos no iban a ser rivales fáciles de superar. Y así comenzó toda una campaña de difamación, no solo del equipo argentino sino de toda la Argentina.
Aparecieron en las redes comentarios de que Argentina estaba acomodada para ganar la final, que era el favorito de la FIFA, y que la AFA estaba entongada, el Chiqui Tapia era el principal responsable, al parecer se había metido en un lío tremendo porque ya lo estaba persiguiendo el FBI por presunto lavado de dinero, y se corrió el rumor de que lo detendrían en el estadio el día de la final.
Tanto los influencers como los famosos, comenzaron a hacer circular versiones de que los argentinos eran xenófobos, puesto que no tenían africanos en su equipo. Algo que iba en contra de la canción que la propia Shakira se ocupó de interpretar en la canción oficial:
“Aquí no se juzga a nadie cuando se deja la piel”
Lo que casi nadie sabía era que justamente la Argentina era una nación en donde todos se habían mezclado, y esa era una de las razones por las cuales la desendencia africana no era tan visible.
La causa de semejante campaña de difamación fue la alianza del rey Lions con el rey Trompeta y el rey actual de los judíos, cuyo nombre prefiero no recordar. Así fue que el deporte, la religión y la política, aquello de lo que no se debe hablar en la mesa, fueron la atención durante varios días, en los que se aprovechó para vender buena parte de lo que quedaba del pobre país sudamericano.
Los mexicanos y los chilenos, fueron los que más aprovecharon para hablar mal de la Argentina. Los argentinos son agrandados y lo único que les interesa es el fútbol, mientras su país se cae a pedazos. Cosas por el estilo decían.
Cuando llegó el día de la final, el diablo metió la cola. Primero con la canción:
“Cuando el diablo nos mire, tendremos valor”
Luego hubo macumbas, congelamientos y sobre todo malas ondas y malas vibras: una Madonna que apareció parada en medio de la cancha como una momia embalsamada del antiguo Egipto; la verdadera Shakira terminó de confirmar que la que había aparecido en la inauguración era una doble; la cara de piedra de Mick Jagger; y el propio rey Trompeta que terminó entregando medallas junto a la nueva Malinche.
Argentina perdió, por supuesto, no pudo manejar la pelota con control remoto, que se movía sola al ritmo del reino de España; no pudo contenerse ante la burla de los españoles que habían estado desprestigiando a la selección y a los argentinos por tener un rey de derecha; no pudo hacer más que alargar el partido para agonizar lentamente y dejar que la manipulación y la envidia, que son el propio diablo, les arrebataran la copa.

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